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El Café de Carlos Onetti

Actualizado: 22 de nov de 2019




En Montevideo no se fuma en los bares. No se fuma. La falta de tabaco fue fundamental en la historia de la literatura uruguaya. Fue en un momento, durante una prohibición de tabaco en el país, en el que Juan Carlos Onetti –fumador empedernido– escribió en dos días de inspiración febril el texto que funda la literatura uruguaya moderna: El pozo. La novela, publicada en 1939, es la historia de Eladio Linacero, un hombre que se dedica a escribir un largo sueño. Una historia sórdida que se convierte en el primer vestigio del universo Onetti. Las primeras palabras de El pozo fueron escritas en un café de Montevideo, en la calle Ituzaingó, en la esquina 25 de mayo.


Café Brasilero abrió sus puertas en el año 1877. Fue fundado por los señores Correa y Pimentel. Es el café más antiguo de la ciudad y el primero en ser declarado de interés cultural por la Intendencia Municipal de Montevideo. Cuando Onetti comenzó a escribir El pozo lo único que tomaba era café, sin azúcar y cargado. Tenía tres plumas y un solo cuaderno. “Cuentan que Onetti rayaba las mesas del lugar porque se quedaba sin papel, luego volvía y pasaba todo lo que había escrito sobre la madera. Borraba las palabras con un aceite y luego, como ya estaba cansado de pintar y pintar, le dijo al dueño que le vendiera esa mesa para poder rayarla cuando quisiera”.


Siempre se sentaba en la misma mesa: en la ventana con vista a la esquina. Pedía un café con leche y unas media lunas. Se quedaba ahí sentado por horas, mirando por la ventana y sonriendo; luego, cuando la luz moría detrás de los edificios, sacaba el periódico de una maleta gris que cargaba y comenzaba a leer de atrás hacia adelante.

Publicado por El Espectador 31/7/2016 Enlace aquí.





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